lunes, 16 de marzo de 2015

Guadalupe (Segunda entrega)


Por: H. K. Michael Ayala Alva

III

Era el mes de Julio.

Las bandas y batallones de todos los colegios de Salamanca remecían las veredas, el asfalto, el viento y el mundo (el nuestro). Todos se preparaban para ganar. Zevallos (como le gustaba ser llamado) dirigía la banda de música del Olimpo desde hacía mucho. Era un ex - alumno que había sido jefe de la banda, trompeta mayor y uno de los pocos que llegó a desfilar en el campo de Marte.

Más que un profesor, era un amigo. Prefería que lo llamen por su apellido como a todos los estudiantes, pero le gustaba que las chicas lo llamasen Antony. Siempre estaba rodeado de ellas, en especial de las que tocaban lira, casi siempre las más bonitas de todo el plantel. Alguna vez lo fueron las que tocaban tarola, (siempre se hablaba de Marlene y la increíble forma como reducía su falda hasta mostrar la mitad de sus muslos). La fuerza con la que tocaba había ocasionado que rompiera tres tarolas en sólo un mes, pero se había despedido de Quinto de secundaria con un Gallardete que todos recordarían por siempre. Ortiz tocaba también. Era su espacio, su elemento, tocaba trompeta desde sexto de primaria. Durante Segundo de secundaria, su padre había mandado a reparar una para él, pero, más preocupado en lo bien que se le veía que en practicar, le fue quitada al final del año por el profesor. Desde entonces tenía que soportar la burla de los que conocían su historia.

El Director conocía a Ortiz tanto como los quinientos alumnos del Colegio; no pertenecía ni a los matones, ni a los chancones, ni a los líderes, ni a los policías escolares, ni a nada…salvo la Banda de música, a la cual el Director no tomaba mayor importancia. Pero ahora, en la Dirección, salía del anonimato, sus ojos intentaron fabricar una lágrima, para mostrarse arrepentido. Habían terminado ya los reglazos cansados de “Cuchi Cuchi”. “No es el mismo de hace cinco o seis años, está viejo” - pensó.

-          ¡Y ya sabes, no quiero nada de alborotos y bulla!

Ortiz agachó la cabeza en señal de arrepentimiento, se llevó una mano a los ojos, como secándose lágrimas. Debía mostrar contrición para que no lo vuelvan a notar, para pasar desapercibido aún más entre el mar de estudiantes del colegio.

-          Si Director.

El fin del castigo coincidió con la hora de salida. Chovy y toda la gente irían a jugar pelota en la canchita a tres cuadras del colegio. Allí se decidiría quienes serían los titulares para el campeonato de Setiembre. La gente del “C” siempre ganaba a nivel de grado y peleaba con otros para tener el campeonato (con cuarto y con quinto). Allí estaban Chovy en el arco, Jesús y Huanto en la defensa, Pescao, Chulapi o “Vallejo” en el medio campo y Angelo y Juan Pablo en la delantera. Pero siempre había gente que quería jugar también y que peleaba el puesto. Estaba Wilder, Chunchito, Angulo, Grajeda…

Pero Ortiz no iría y faltaría un arquero. Sus amigos se molestarían con él, le dejarían de hablar un buen rato y se burlarían al día siguiente. Se quedó más tiempo en la Dirección para “hacer hora”, para que todos se fueran.  Le dijo al Director que deseaba ayudarlo y como muestra de su arrepentimiento limpiaría su escritorio. Pero se negó, en cambio, le dio el discurso parafraseando a González Prada sobre el rol de jóvenes a la obra y los viejos a la tumba.

El tiempo que habló fue suficiente para que la gente del salón se vaya corriendo a la canchita, mientras Guadalupe alistaba sus cosas lentamente y se dirigía solitaria a la puerta. Mientras Cuchi Cuchi terminaba el sermón, Ortiz observaba los lentos pasos de la nueva hacia la puerta de salida del colegio, para luego enrumbarse por la ruta más larga hacia su casa, esa que evitaba cruzarse con gente de otros colegios (¿por qué toma ese camino? – se preguntó Ortiz el día que la siguió sin que ella lo notara). Guadalupe había tomado en esas dos semanas avenidas alternativas a los “Quechuas”, la gran calle por donde pasaba la gente del “Nuestra Señora de la Esperanza”, “Santa Angela” y la mayoría de colegios particulares. Luego de seguirla con la mirada y despedirse del Director prometiendo no volver a portarse mal,  trotó hacia ella para alcanzarla.

-          ¡Guadalupe, espera!

Ortiz llegó al lado de Guadalupe justo en el momento que Marcelino (el conserje) estaba por cerrar la puerta. Cargaba su mochila con la mano izquierda, la observó bajar la mirada, sonreír ligeramente y luego volver a su seriedad habitual.

-          Hola Miguel  ¿te castigaron no?

A Ortiz le irritaba siempre las respuestas despistadas de la nueva, pero ella era la única que le decía Miguel y eso le gustaba, a pesar que odiaba que le dijeran por su nombre, más porque era el de su abuelo, un racista que siempre hablaba del “indio” de su padre.

-          Algo, pero ya fue. ¿Y tú qué tal? ¿Te molestaron mucho cuando me fui?

Los pasos de Guadalupe se hacían lentos, no quería llegar a casa, no quería ver a su papá, mucho menos hablarle. Durante la semana lo había intentando, pero no le dirigía la palabra desde hacía mucho y cuando lo hacía era para cuestiones mínimas. Rechazó sus abrazos, sus disculpas, sus perdones. “Tienes el carácter de tu madre” – le dijo una vez. “Para qué la embarazas pues”, le respondió. Otra cachetada que esta vez la tumbó al piso e hizo caer los platos de la mesa. “¡No me vuelvas a responder así carajo!”, ella bajó la mirada, enterró el orgullo en el piso de parquet, se levantó lentamente y se fue a su cuarto.

-          Eres un tonto.

A Ortiz le sorprendió su respuesta. Esperaba cualquiera menos esa. Tenía la sensación de que era un héroe, una suerte de salvador personal para ella. Pensó que ella tendría una respuesta mejor, pero le dijo que era un tonto, y quería entender porqué, necesitaba una explicación. ¿Habían servido de algo los palazos en el trasero y las piernas? ¿Habían sido por gusto las insoportables palabras del Director? ¿De qué había servido sacrificar la pichanga con sus compañeros?

-          Bueno, no importa ya. Dime, ¿Te gusta leer?

Guadalupe lanzó la pregunta con una sonrisa y mirándolo a los ojos. No pudo sostenerle la mirada. ¿Gustarle leer? ¡Claro que no! Odiaba leer, detestaba leer, era para imbéciles, lornas, nerds. Nadie leía en el colegio, mucho menos en un estatal. “Qué estupidez”, pensó. Había preparado un sinfín de historias sobre lo maleado que era, las fiestas a las que había ido, que ya había tomado cerveza y cigarro, que era un campeón jugando pelota y que cuando jugaba de arquero era invencible. Le iba a contar de sus enamoradas, de las muchas que había tenido, le explicaría de todas las palomilladas que había hecho en el colegio, de su última hazaña: desaparecer el maletín del profesor Lliucllac y cómo este había rogado a los alumnos por dos soles para su pasaje, los mismos que se habían caído de la mochila y que después le devolvieron. Le contaría de los apodos de todos los profesores, del borracho de Calero, de la tía car´e galleta, de la chupalimón, de cuchi cuchi (el director), la haría reír mucho y la llenaría de fascinaciones, de lo divertido y relajado que era el colegio, y si eso no bastaba mentiría y mentiría lo necesario para impresionarla. Pero no. Le había preguntado si le gustaba leer.

-          Si, bastante.

Respondió sin pensar, otra vez. Ortiz no había leído absolutamente nada de lo que le habían dejado en el colegio, salvo las historias de aquella profesora suplente en primaria, quien le había ayudado a sentirse alguna vez fascinado por el estudio.

-          ¿Qué libros has leído?

¿Libros? – pensó. ¡Ni siquiera había leído cuentos completos! ¡Si sus compañeros lo veían con un libro lo tildarían de chancón y lo golpearían! ¿Libros? – volvió a pensar. ¿De dónde viene esta mocosa?

-          Varios.

Otra respuesta sin pensar, aunque esperaba que la conversación cambiara rápido de rumbo.

-          ¿Y tú, que libros has leído?

Guadalupe, miró al cielo como si allí estuviera su biblioteca. Pensó en muchas obras que le habían gustado, otras que las habían hecho llorar y algunas reír. Era la campeona a nivel regional de comprensión lectora, pero nunca le habían dejado pasar a fases nacionales, decían en su colegio que la Directora de la UGEL 15 tenía ciertos tratos con otros profesores para que siempre ganaran los colegios más grandes que el de ella.

-          Un montón, me encanta leer, si hago una lista creo que jamás la terminaría.

Ortiz la escuchó mientras pensaba en su respuesta (“que jodida y panuda es” – pensó). El camino se hizo algo corto a pesar de los pasos lentos. La mayoría del trayecto fue en silencio, ambos buscaban temas de conversación pero 
furtivamente disfrutaban del simple hecho de caminar pausadamente.

-          ¿Y tú Miguel, cuál es tu autor favorito?

No le diría jamás que ninguno, no quedaría mal ante ella. Debía pensar una respuesta rápida y sencilla.

-          Varios, pero mañana te digo.

Guadalupe sonrió, intuía. Se mostró cruel y lo disfrutó, de pronto así lo espantaba y la dejaba tranquila. De pronto sí leía y lo subestimaba. El rostro desubicado de Ortiz la hizo sonreír una vez más.

-          Debo irme, mi papá me espera en la esquina.  

Ortiz trató de no temblar. Se había enfrentado alguna vez a la gente de “Los sauces” en una pelea. Había jugado pelota en La Parada y en El Agustino, se había ido a ver los partidos del interbarrios con la gente del salón. En todos esos eventos sentía la adrenalina de la emoción. Pero ahora, ante Guadalupe y su mundo, sentía miedo.

-          Está bien, nos vemos mañana.

Hacía mucho que la tarde había muerto. Guadalupe sonrió una vez más al despedirse, se alejó con paso más ligero hacia su casa. Ortiz la vio alejarse mientras contemplaba lo bonito que le quedaba el uniforme plomo y la cinta blanca en su cabello lacio, castaño y largo. Mientras caminaba, giró rápidamente, siempre con su folder abrazado y con una sonrisa.

-          Podemos venir juntos mañana si quieres. Pero no vayas a preguntarme delante de todos, da un poco de vergüenza.

Ortiz olvidó lo insoportable que solía ser Guadalupe, sonrió pensando en el día siguiente. Decidido, pensó en leer un libro llegando a casa.

lunes, 9 de marzo de 2015

Guadalupe (primera entrega)




Por: H. K. Michael Ayala Alva

I

-          ¿Te acompaño?

Ortiz preguntó a Guadalupe en voz alta, en medio del salón, mientras el profesor no llegaba y cuando todos guardaban el típico silencio producto del aburrimiento. El tedio desapareció, ella enrojeció y bajó la mirada buscando inútilmente en su cuaderno alguna salida heroica que la pudiera salvar de los gritos, las burlas de cuarenta y cinco alumnos que recién acababa de conocer.

-          Si, si quieres.

No se le ocurrió mejor respuesta. Los gritos y las molestias se hicieron más intensos, todos empezaron a golpear la carpeta, a fastidiarla intensamente con sonidos típicos de una burla escolar. El salón se llenó de griterío, la bulla traspasó las paredes, llegaron hasta la otra sección, cruzaron el pabellón, pasaron por la cancha de vóley, viajó a través de los baños y llegó a la oficina de la Dirección.

-          Carrasco, anda a ver qué pasa en Tercero “C”.

El auxiliar, fastidiado, se dirigió hasta el salón a ver qué pasaba. Sus pasos eran decididos pero pequeños, siempre con la mirada hacia el piso y el palo blanco en la mano derecha. Vestía siempre un pantalón y camisa verde los días de la formación o actuaciones centrales. Rara vez se le veía con ropa nueva, salvo las fiestas patrias, en que decían que aprovechaba su “grati” para dos cosas: meterse una soberbia borrachera en la bodega “Lucha” y comprarse un pantalón y una camisa nueva. Pero ese día era distinto, el chisme de su inminente despido había viajado desde el comentario distraído de la profesora de Lengua y Literatura, pasando por los alumnos y llegando hasta sus oídos, por eso, decidió desde aquel comentario bañarse siempre, afeitarse y vestirse con ropa formal cada vez que fuera al trabajo. Pero el buen aseo dejó visible un rostro plagado de huecos originados por el acné en otro tiempo y que ahora hacían una verdadera superficie lunar en su cara.

Así, mientras avanzaba, uno de los alumnos avistó su llegada.

-          ¡Cállense, viene car´e cancha!

Todos se ubicaron en sus asientos, bajaron de las carpetas y dejaron de apanar a Ortiz. Cual estudiantes aplicados, empezaron a copiar por fin lo que había en la pizarra que Calero había escrito sin que nadie entienda, salvo Jesús.

-          ¡A ver! ¡Adelante los causantes de toda la bulla!

El apodo care´cancha vino de los de quinto el día que lo vio sin barba, impecablemente afeitado más el uniforme siempre verde. Su rostro vislumbró el mismo color de la cancha serrana y una respetable cantidad de agujeros en las mejillas, producto de reventarse los barritos con las manos. El apodo empezó a trabajarse en una conversación banal, hasta que se hizo realidad al ver la cancha serrana que se vendía en el kiosko con un ají verde que solía picar mucho. Desde entonces se pedía “dame un carrasco de a cincuenta”, siempre observando que ningún profesor se percate de la broma.

Pero ahora, y como siempre, nadie saldría, todos se cubrirían para que ninguno fuera castigado. Ya estaban acostumbrados, Car´e cancha insistiría, preguntaría a los más chancones que dirían que no se dieron cuenta porque estaban copiando lo de la pizarra, amenazaría con dejarlos sin recreo, luego les daría el “sermón de las tres horas” sobre el mal comportamiento, el futuro del Perú y el honor a los valores que la nación está perdiendo. Sólo era cuestión de resistir cuarenta a sesenta minutos hasta que Carrasco sea llamado por otro auxiliar a resolver otro problema en otro salón. Luego de ello, molestarían por fin a Guadalupe tras varios días sin encontrar manera de colocarle un apodo o burlarse de una niña insoportablemente correcta.

-          Fui yo, profesor.

Ortiz se levantó de su asiento mientras repetía: “si profe, fui yo”. Esta era una experiencia nueva para Carrasco, la primera vez tras múltiples intentos que un alumno cedía a sus fracasadas técnicas. El salón entero clavó su mirada en Ortiz. Por primera vez alguien cedía y un profesor ganaba en un colegio donde los alumnos y alumnas hacían lo que querían.

-          Vamos a la Dirección.

Un palazo en las piernas acompañó el cruce del umbral de la puerta, tras las risas de todos. Mientras recibía más golpes de Carrasco, el salón entero miraba por la ventana y por la puerta el camino de Ortiz hacia la Dirección. Car´e cancha estaba tan emocionado por su victoria que ni siquiera había preguntado que había hecho el alumno para generar tremendo alboroto, lo importante para él es que había conseguido una victoria sobre el salón más inquieto del colegio y esto merecería que no lo despidieran, como planeaban hacerlo en un mes.

-          ¡Camine alumno, apúrese!

Ortiz hizo el ademán de haber sentido el palazo en la pierna y empezó a frotársela mirando las ventanas de su salón, buscó los ojos de Guadalupe en vano. Ella era una chancona, no saldría si un profesor decía que nadie lo hiciera, siempre hacía caso.

-          Director, le traigo al causante del alboroto en Tercero “C”.

Ya en la Dirección, Ortiz se sintió tranquilo. El resto del día hablarían de su confesión, de lo estúpido que había sido, de los palazos camino a la Dirección, de lo sonso que era. Delatarse a sí mismo era una victoria para Carrasco quien ahora iría más seguido a Tercero “C”, buscarían las mochilas, descubriría quizá los naipes, los cigarros y las revistas porno que escondían. El salón tenía mucho en que preocuparse, se dedicarían ahora a ver donde esconder todo lo que habían traído, Ortiz se había ganado una buena, muy buena marginación colectiva como escarmiento.

-          ¡Cómo se le ocurre generar ese desorden! ¡Qué cosa tiene en el cerebro alumno!

Escuchaba el típico discurso del Director, intentando ocultar una sonrisa. En su salón, ya la habrían  dejado en paz, más preocupados por él y en la posible requisa.

En cada reglazo en el trasero, imaginaba la tarde convirtiéndose en noche, el silencio de las veredas y la sonrisa de Guadalupe mientras caminaba.

II

Querido diario:

Papá se ha enojado mucho hoy, me ha lanzado un grito y una bofetada. He llorado, pero se han mezclado unas ganas de largarme  de mi casa y la pena que siento por él. Dice mamá que lo perdone, que es porque ha perdido su trabajo. Ahora tenemos que mudarnos, cambiarme de colegio, olvidarme de mis amigos. Dice que los podré volver a ver el próximo año, que todo es temporal. No le creo.

Lo que más me molesta es que no me lo dijo él, lo escuché en una conversación que tenía con mi madre mientras estaba en su cuarto. “Negra, me despidieron hoy, sabía que reclamar por mejoras laborales tenías consecuencias, carajo”.  Mi madre preguntó por mí “¿Y ahora, como haremos con el colegio de Guadalupe?”. La respuesta de mi padre fue sencilla y odiosa, “nada, la cambiaremos a un estatal, eso es todo. Además, nunca ganará la beca por primer puesto”. Entonces entré y me metí en la conversación. Le grité, “¡siempre es así! ¡Siempre tienes que sacrificarnos por lo que crees! ¡Siempre por tus estúpidas ideas! ¡Qué culpa tenemos nosotros de que los demás…..”. No me dejó terminar, fue tan rápido y tan doloroso. Las manos de mi padre en mi rostro, pero no para acariciarme, no para decirme que estaba orgulloso de mí, que me quería, que era su engreída, era para callarme. Una gran bofetada que me duele más su recuerdo que el dolor mismo.

Tengo el labio hinchado y la mejilla demasiado roja. Mañana no iré al colegio, tampoco los demás días. ¿Qué le voy a decir a mis amigas? ¿Qué le voy a decir a mis profesores? ¿Me tengo que ir derrotada por el estúpido y sobón de Martín? Ese idiota, siempre franeleando a todos los profesores, a la Directora, al conserje, a los demás. Siempre diciendo que no ha estudiado nada cuando ha repasado toda la noche, siempre pidiéndome ayuda y yo negándosela para después arrepentirme cuando pone su carita de miedo. Ayúdame Guadalupe, ayúdame pues, si pierdo la beca mi papá se enoja. ¿Y yo tarado? (perdón), me da ganas de decirle, pero siempre lo ayudo. Ayudo a todos caray (perdón), les enseño lo que no entienden, les ayudo con las tareas, a veces las hago por ellos, me quedo un ratito más en el cole solo para ayudarlos, porque me dan pena, porque me gusta sentirme útil, porque siento que arreglo el mundo aunque sea un poquito…detesto a papá.

Mi mamá vino en la noche, después de la cachetada. La cólera de papá la asustó, dice que no lo veía tan enojado desde la protesta esa que encabezó en la Universidad. Mamá dice que mi papá siempre fue respetado en La Cantuta, que tenía mucha gente que lo seguía y que siempre luchaba por los derechos de sus amigos, que nunca terminó su carrera por eso (lo odio). Dice que lo conoció así, revoltoso, rebelde, siempre protestando, con un jean azul despintado, un polo negro o rojo, una casaca ploma larga y un morral donde guardaba sus libros y algunos cuadernos con cuentos y poesías. No me importa eso, me aburre que me cuente de alguien que sólo le importa él, sentirse importante salvando a todos menos a él. Hubiera sido mejor si yo no hubiera nacido, de repente así él se podía dedicar mejor a lo que le gusta hacer, salvar a los demás.


No iré al colegio ya y entraré en un estatal muy pronto, no me despediré de nadie, no participaré del concurso de literatura. ¿Quién ayudará a los demás a hacer las tareas? No me importa, sí me importa…ay no sé. ¿A qué colegio iré ahora? Dicen que hay uno llamado el Olimpo, está en Salamanca pero en la zona de rateros y pirañas, que miedo. Que fastidio. 

lunes, 3 de marzo de 2014

Historia del colegio Gran Mariscal Toribio de Luzuriaga - Olimpo



A continuación, presento el escrito - con la edición
pertinente -  del Prof. Carlos  Farfán Mayorga, 
fundador y  promotor del Colegio 
"Gran Mariscal Toribio de Luzuriaga" - Olimpo


Atentamente,

H. K. Michael Ayala Alva




El colegio nacional “Mariscal Toribio de Luzuriaga” nace por la necesidad de educar a nuestros hijos en el nivel secundario. El camino para lograrlo requirió de mucha dedicación y esfuerzo.

Después de creada la  urbanización de Salamanca, se formó el colegio mixto No. 1416 que funcionaba todo el día y en dos turnos. Posteriormente, con la reforma educativa, se convirtió en la Escuela integrada No. 1416 “Jhon F. Kennedy” donde se enseñaba la primaria completa, en la mañana estudiaban las niñas y en la tarde los varones. El turno tarde estaba a cargo del Director Julio Sánchez Velásquez.

Al terminar la educación primaria,  los padres de familia tenían muchas complicaciones para que sus hijos e hijas continuaran sus estudios secundarios, optaban por las grandes unidades escolares pero era una verdadera odisea alcanzar una vacante, pues había que pasar toda la noche durmiendo en la calle y a la puerta de del colegio, llámese Guadalupe, Alfonso Ugarte, Melitón Carbajal, etc. Si se tenía suerte, se conseguía matrícula, de lo contrario, había que buscar otra institución educativa.

Fue entonces cuando me propuse  luchar para la creación de un colegio secundario y no escatimé mi participación en todas las Asambleas de padres de familia, donde incentivaba la gestión e  instalación de un colegio cerca a nuestros hogares, pues ya había sufrido en carne propia la angustia de los padres de familia por conseguir una vacante. La idea fue recibida con aplausos, esto fue en el año 1974, durante el cual, se creó el Núcleo educativo comunal o NEC 09 de Santa Anita. El Director de dicha instancia nos hizo una visita para presentarse, fue entonces cuando aproveché la oportunidad para pedir que nos ayude a gestionar la creación del colegio secundario, que tanto queríamos.

El director del NEC, Sr. Macedonio Quispe, se mostró muy entusiasta y me preguntó si teníamos el terreno apropiado, le contesté que sí. Fue cuando añadió: “preséntame el expediente y haremos todas las gestiones”. En días pasados yo me había encontrado con la Sra. Matilde de Ojeda, quien me preguntó si seguía con la idea del colegio secundario. Le contesté que sí, la señora me manifestó que en la urbanización Olimpo que se estaba construyendo  había un lindo terreno y que me conseguiría el plano, el cual – cuando estuvo en mis manos -  se lo entregué al Director Sr. Julio Sánchez Velásquez (q.e.p.d); este preparó todo el expediente y se lo entregó al Sr. Macedonio Quispe, Director del NEC de Santa Anita, quien cumplió con su ofrecimiento, dándose el 25 de Junio de 1975 la RESOLUCIÓN 001134 creando dos secciones de Secundaria que funcionarían temporalmente en el colegio  o Centro Educativo 1136 (Jhon F. Kennedy) de Salamanca de Monterrico que pertenecería al NEC 1205 de San Luis.

Ahora bien ¿Por qué, si la creación del colegio Secundario lo hace el Directo del NEC de Santa Anita, le dan la administración del naciente colegio secundario de Salamanca al NEC No. 13 de San Luis? Porque nosotros, entonces los profesores del Colegio Jhon F. Kennedy No. 1136, reclamamos que por razones de distancia era mejor el NEC de San Luis que el de Santa Anita.

En los primeros días del mes de Marzo de 1976, al llegar al colegio, encontré al Señor José Samaniego, Presidente de la Asociación de padres de familia, quien llenó de alegría me comunicó la buena nueva:
-          ¡Profesor, que bueno que ya tenemos colegio secundario! Pero ¿donde funcionará? (continuará…)



viernes, 28 de febrero de 2014

Breve historia de la fundación del colegio nacional “Gran Mariscal Toribio de Luzuriaga” – Olimpo



A continuación, presento el escrito - con la edición
pertinente -  del Prof. Carlos  Farfán Mayorga, 
fundador y  promotor del Colegio 
"Gran Mariscal Toribio de Luzuriaga" - Olimpo


Atentamente,

H. K. Michael Ayala Alva




El colegio nacional “Mariscal Toribio de Luzuriaga” nace por la necesidad de educar a nuestros hijos en el nivel secundario. El camino para lograrlo requirió de mucha dedicación y esfuerzo.

Después de creada la  urbanización de Salamanca, se formó el colegio mixto No. 1416 que funcionaba todo el día y en dos turnos. Posteriormente, con la reforma educativa, se convirtió en la Escuela integrada No. 1416 “Jhon F. Kennedy” donde se enseñaba la primaria completa, en la mañana estudiaban las niñas y en la tarde los varones. El turno tarde estaba a cargo del Director Julio Sánchez Velásquez.

Al terminar la educación primaria,  los padres de familia tenían muchas complicaciones para que sus hijos e hijas continuaran sus estudios secundarios, optaban por las grandes unidades escolares pero era una verdadera odisea alcanzar una vacante, pues había que pasar toda la noche durmiendo en la calle y a la puerta de del colegio, llámese Guadalupe, Alfonso Ugarte, Melitón Carbajal, etc. Si se tenía suerte, se conseguía matrícula, de lo contrario, había que buscar otra institución educativa.

Fue entonces cuando me propuse  luchar para la creación de un colegio secundario y no escatimé mi participación en todas las Asambleas de padres de familia, donde incentivaba la gestión e  instalación de un colegio cerca a nuestros hogares, pues ya había sufrido en carne propia la angustia de los padres de familia por conseguir una vacante. La idea fue recibida con aplausos, esto fue en el año 1974, durante el cual, se creó el Núcleo educativo comunal o NEC 09 de Santa Anita. El Director de dicha instancia nos hizo una visita para presentarse, fue entonces cuando aproveché la oportunidad para pedir que nos ayude a gestionar la creación del colegio secundario, que tanto queríamos.

El director del NEC, Sr. Macedonio Quispe, se mostró muy entusiasta y me preguntó si teníamos el terreno apropiado, le contesté que sí. Fue cuando añadió: “preséntame el expediente y haremos todas las gestiones”. En días pasados yo me había encontrado con la Sra. Matilde de Ojeda, quien me preguntó si seguía con la idea del colegio secundario. Le contesté que sí, la señora me manifestó que en la urbanización Olimpo que se estaba construyendo  había un lindo terreno y que me conseguiría el plano, el cual – cuando estuvo en mis manos -  se lo entregué al Director Sr. Julio Sánchez Velásquez (q.e.p.d); este preparó todo el expediente y se lo entregó al Sr. Macedonio Quispe, Director del NEC de Santa Anita, quien cumplió con su ofrecimiento, dándose el 25 de Junio de 1975 la RESOLUCIÓN 001134 creando dos secciones de Secundaria que funcionarían temporalmente en el colegio  o Centro Educativo 1136 (Jhon F. Kennedy) de Salamanca de Monterrico que pertenecería al NEC 1205 de San Luis.

Ahora bien ¿Por qué, si la creación del colegio Secundario lo hace el Directo del NEC de Santa Anita, le dan la administración del naciente colegio secundario de Salamanca al NEC No. 13 de San Luis? Porque nosotros, entonces los profesores del Colegio Jhon F. Kennedy No. 1136, reclamamos que por razones de distancia era mejor el NEC de San Luis que el de Santa Anita.

En los primeros días del mes de Marzo de 1976, al llegar al colegio, encontré al Señor José Samaniego, Presidente de la Asociación de padres de familia, quien llenó de alegría me comunicó la buena nueva:
-          ¡Profesor, que bueno que ya tenemos colegio secundario! Pero ¿donde funcionará? (continuará…)


sábado, 8 de diciembre de 2012

Raulito



Por: H. K. Michael Ayala Alva

Todo tiene que salir como yo quiero, alistaré mi mente con un carnaval de expectativas que deberán cumplirse en la realidad. ¿Por qué? Porque así tiene que ser y siempre ha sido. ¿Propina para el trago? Lista. ¿Terno? Limpio ¿carro? Me lo tiene que dar mi madre, me lo tiene que dar porque se lo he pedido desde hace mucho y si no me lo da ya verá el berrinche que le hago. Todo tiene que Salir perfecto ¿La pareja para la prom? No tan linda, pero se muere por mí, así que hoy es el día. Estoy seguro, ella también quiere y atracará de todas maneras, nos vamos a la casa de Terry y ya está, ahí la hago. Pero antes una “previa”, unos cuantos tragos para empilarse antes de ir a la prom, un parsito de wiskhys para comenzar, para brindar con la gente y recordar un poquito el año pasado, el día de la tremenda borrachera hasta las siete de la mañana, esa memorable “bomba” que nos metimos todos y que no hemos vuelto a repetir en otra circunstancia mejor. ¿Drogas? Nada de porros, hay que estar bien para la flaquita, para comérsela como debe ser, en la casa de Terry quizá, ¿en un telo? No hay plata. Pobrecita, está templada, pero es linda, hay que ser todo sin hacerla sentir mal, con cariño, con ternura y suavidad, pero el trago, pucha, con lo que me gusta tomar, pegármela, una buena “bomba” como la del cole, esa borrachera maestra, la que no he podido repetir otra vez porque el colegio ya se acabó, porque allí era popular y ahora ya no, porque en la Universidad no es lo mismo, no es lo que esperas, encima me jalan en un curso en el que soy bueno, pucha, que joda, y el carro que no lo tengo y que quería pero no lo tengo; que joda, que mierda, un porro o una chela y todo se olvida, pero vuelve otra vez así que le metes más chela y vuelve otra vez la bronca de no tener lo que uno quiere, y así,  y así cada fin de semana. Egoísmo dice Miguel, tal vez, pero hoy voy a recordar; sueño y vivo con la expectativa. Sí, hoy saldrá todo como yo quiero, todito, la salida, los tragos, el carro, la casa, la flaquita (linda con la ropa, linda sin la ropa, pensarla antes, durante y después…después nada, un choque y fuga nomás). Lo bueno es que no hay que trabajarla, ella está templada así que cae al toque con una sonrisa, la que le pongo a mi vieja para que me dé propina, porque me tiene que mantener hasta que termine mi carrera y si se puede hasta que me case y después, siempre cuidándola, como el macho de la casa, pero eso sí, sin reglas porque para eso uno es hombre, pero siempre atendiéndola, manipulándola despacito pues, no como el gringo Arles que da pena el pobre, lo botan de su casa, da vergüenza cuando para con nosotros, lo choteamos y regresa, a su, que fea vida, cocaína en la mañana, tarde, noche y madrugada, pastillas para dormir cuando está sano; ese sí es adicto, yo no, yo con mis traguitos nomás, por ahora, ya de viejito no pues, seguro lo dejó, a mí no me gana, yo le gano al trago, ¿más grande que yo? Mentira, yo mando y así es, porque las cosas siempre salen como yo quiero. Aunque a veces….pucha, el curso que jalé, la borrachera esa en el cole, los robos en el centro comercial, las notas y los puntos de los profes, las broncas con mi vieja, un poquito más y me interna, ja ja. Pero la chela es rica, me hace olvidar que no encajo, con la chela encima todo es felicidad, la resaca después cansa, pero olvidas de las preguntas esas que te haces ¿quién soy? ¿soy algo? Esas preguntas me martillean una y otra vez el cerebro, me chancan a cada rato, y esta sensación de vacío con la gente que chupo todos los fines de semana, esa sensación de no saber quien soy, si valgo algo, si vendrá algo bueno en mi futuro. Nada, mejor evado, me olvido, me quito de la realidad con unas chelitas, con la fiesta de prom, otra vez seré el “papi”, “el popular”, el que todos amaron en el cole y el que se acaba de ir hace un año; mejor no pensar mucho, evadir, olvidar que después me siento mal, que se queda un hueco en el pecho que no llena ni la chela, ni los amigos, ni los porros. No importa, qué rica expectativa, que rico pensar en lo que voy a hacer hoy, ¿aguantaré con el trago encima? Pucha, todo despacio, primero alistar varias previas, después recogerla, después llevarla y después…ya sabes, que pase lo que tiene que pasar...

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-        
     - Oe ¿y que fue con Raulito?
-        - Nada tío, el día de la prom se rayó
-        - ¿Por qué ah?
-        Hizo las previas y con el tufo a trago encima
-        ¿Y eso, que tiene de malo?
-        Nada, ya venía empinchado porque su vieja no le dio el carro.
-        ¿Pero que pasó después?
-        Fue a recoger a su pareja, pero como a las tres de la mañana ella fue con su mamá. Daba pena verlo, ya andaba borracho pero él juraba que estaba bien.
-        Ja ja, osea, que no le salió el plan.
-        Para nada, la flaquita se fue temprano, él hizo el ademán de llevársela a la casa de Terry, pero su mamá no quiso, se empinchó, ya estaba con los tragos, se balanceaba y su tufaso eran más fuertes que las razones que daba. Ya sabes, que yo la cuido señora, que yo la respeto señora, que no se preocupe señora.
-        ¿Y entonces?
-        Nada de lo que pensó salió como él quería. La plata no le alcanzo, la vieja no le prestó el carro, su pareja se fue temprano. ¿Qué hizo? Se quedó a chupar toda la noche, hasta que dio pena y lo tuvieron que sacar.
-        Pucha, ese tío, ¿lo vas a ver mañana?
-        No, no creo, debe estar matadazo. De repente el próximo fin de semana, no hay chupeta en la que no esté.
 



lunes, 19 de diciembre de 2011

Amor en vela - Primera entrega


Un retazo de luna asomó entre las rendijas de la antigua puerta de entrada del colegio, aquella que daba a la avenida recién asfaltada. Era de día, pero un lienzo de la noche, su cabello, alteró el orden del mundo, mi mundo. La gruta sin virgen (frente a su salón y el mío) quiso mirarla, no pudo. El árbol de moras mudaba de hojas y de frutos, el otoño llegaba con destellos luminosos de un sol que se resistía a morir aquella tarde. Los profesores ausentes, los recreos interminables, las huelgas indefinidas, las pelotas de trapo, la chapas y botellas, los apanados, las risas y burlas, los pantalones abajo, lornas distraídas…todo se detuvo en el nombre del tiempo, en el nombre de ese retazo de noche que era su cabello, esa sonrisa furtiva y ojos enormes que atraían al ingenuo, cada infinito detalle sólo medible por la eterna línea numérica de racionalidades e irracionalidades, todo y nada al mismo tiempo se congelaría un breve instante, una foto instantánea suficiente para poder describirla…un poco nada más.

El carnaval de risas, Sandra, Patty, Mónica, sabe Dios quien más. Es el salón de segundo “A” de educación secundaria. Te está mirando, le dicen. ¿Me mira? Pienso. Quizá mis pantalones remendados, mi camisa sucia y la chompa en la cintura porque, una vez más, se ha roto jugando pelota. Habla Ayala, un partidito ¿quieres jugar? No gracias. ¿Ayala? ¿Estás bien? Si carajo, estoy bien. Pero no, no estás bien, la estás mirando, te puede enceguecer mirar directo al sol, mucho ya, detente, das roche Ayala, te dice tu conciencia, no, es Grajeda, bueno, casi lo mismo. Habla Ayala, ¡Vamos a jugar! No molestes Grajeda, ¿Qué te pasa? No sé (sí sabes, un retazo de noche te ha capturado, te ha puesto melancólico por primera vez desde...mejor no recuerdes). Habla pues. Déjame. Ya pues Ayala, ¿a quien miras? ¿a la narizona? Silencio, rubor, sonrisa. No es narizona huevón, es su nariz respingada. ¿Respin…qué? Hablas huevadas Ayala. Tú no sabes, déjame un rato (déjame mirarla para poder escribir de ella después). ¿Te está mirando? Parece. Vamos Ayala, das pena. Silencio, sonrojo, sonrisa, ella está mirando ¿estaré peinado? ¿Quién soy para que me mire? ¿Me bañaré mañana? Tal vez, puede ser, mejor no.

Grajeda ¿Cómo se llama? Para qué quieres saber. Habla pues. Si sé, dame cincuenta. No tengo plata. ¿Te gusta? Sólo dime su nombre (te lo suplico, ¿no ves mis ojos? Pero no te lo digo, rogar es de maricas). Una china. Que payaso eres mierda (Vamos amigo, eres el único amigo que tengo, pero no te suplico, quiero saber su nombre, es tan bonita como las palabras pueden describirla, como los árboles retorcidos que acogen los recién enamorados del parque Olimpo, pero no te ruego, date cuenta que no te ruego, bueno, que mierda, sí te ruego). Una china para el vicio (Super Soccer, no Street Fighter porque soy malo jugándolo) y te digo. Puta madre, no tengo plata, mañana te doy (mañana robo el vuelto del mercado). No, entonces mañana te digo. Ya ya, una china. Espérate un rato. Yo la miro, Grajeda no va hacia ella, se mete entre los salones, pasa por el patio, las escaleras. El auxiliar no está, entra, ha sido brigadier, sabe por donde entrar y por donde salir. Se mete el miserable a la oficina, revisa la lista de asistencia, corrobora, nadie lo ve, lo van a pescar, tiene lentes, parece chancón y nadie sospecha que sabe robar (veinte cajas de tiza en su casa, palos de policía escolar, lapiceros, cartucheras, de todo un poco). Caray, tengo que mirar a los dos lados. Puta madre, mejor voy a ayudarlo, es mi pata, el único que tengo, el que me cree las mentiras, con el que juego en el vicio, no te muevas Grajeda allá voy. Ya vengo, retazo de noche, no me tardo, síguete riendo, sigue mirando entre las rendijas (tengo miego, Grajeda nunca). Volteo, me voy a ayudarlo. El retazo de noche y sus amigas entran al salón, ha venido un profe ¿quién será? Grajeda sale de la oficina del auxiliar, victorioso, invencible siempre, amigo, avaro. Dame otros cincuenta. Pero es mi pasaje. No te digo. Miserable, toma. Comienza con “K” y termina con “N”. Puta madre Grajeda, ya te dí un sol (todo mi capital, mis ahorros, eran para el pinboll antes de llegar a casa). Acompáñame al vicio y te digo, pero no tengo permiso (mi viejo me sacaría el ancho, ¿qué le invento?). Mañana te digo. Ya pues Grajeda, dime. Ya ya, adivina pues ¿Kavin? ¿Kenin? Lo acompaño a su jato, no, a la casa del pasaje donde nos esperan los televisores, el supernintendo y los cartuchos. Pide Top gear 2, los carros, hay que apuntar las claves, no es mí día, hoy no quiero jugar, no hay reto, Grajeda se aburre, pasamos Australia ¿Kanin?, pasamos Canadá ¿Karina? Pasamos Gran Bretaña ¿Karnín? Allí nos quedamos. Tiempo, se terminó la hora, cóbrese señora. Dan las siete ¿qué le digo al viejo? De repente no está, hoy es viernes, se ha ido a tomar, seguro. ¿Y mi mamá? En la iglesia seguro, cantándole a Dios. Mi hermana me salva, ojalá esté con su enamorado, así no cubrimos, no nos traicionamos, nos escondemos. Grajeda ¿estás asado? Si pues. Ya, dime quien es. Adivina pues…ja ja ja. Mañana te doy otra luca. Pero es fácil pues Ayala. No sé pues….dime.

Karín…se llama Karín

Grajeda entra a su casa. Es de noche, mi viejo no llegará hasta las once, mi madre tiene vigilia, es viernes. Mi hermana tendrá a su enamorado todo el tiempo que dure la sed de sus labios. ¿Excusas? No se me ocurre nada, quiero que sea mañana, no, ¡fin de semana! ¿hasta el lunes? Que largo, maldita sea, me digo. Es bonita, me repito. Las veredas se vuelven demasiado peuqeñas, la alfombra de asfalto acaricia mis zapatos, está nueva. Tanto que pensar e imaginar, tanto que soñar despierto, todavía no existen las combis asesinas, el asfalto de las pistas sigue intacto, no hay tantos carros aún. Camino por los puquinas, me acoge el tanque de agua, me siento entre sus piernas de cemento, pienso un rato, sigo caminando ¡tenía otros cincuenta! La tienda de la bajadita antes del pasaje camino a la canchita 24, seño, un Sorrento, sesenta, ¿qué tiene de cincuenta? Chocolate Winter. Deme uno. Como el chocolate, ¿qué me pasa? Tengo ganas de sentarme en el murito de la canchita, es de noche ya, es tarde, me van a pegar ¿importa? No mucho, no creo que estén. ¿Me habrá mirado? ¿Se llamará Karín como dice Grajeda? Es un retazo de noche, pero la oscuridad está completa ahora ¿y ella? ¿Dónde está? ¿Dónde vivirá? ¿Cómo converso con ella? ¿Qué hago para que me vea? Es bonita, ¿hay más palabras para describirla? Difícil, no conozco muchas, ¿un poeta por allí? Tal vez ¿un libro en casa? Ojalá, pero todos son de aventuras. Algo que hable de ella, algo que diga que se parece al sol, que su cara es redonda como la luna, que todos la miran y callan para que el viento la corteje, que alguna relación hay entre la brisa de esta noche que mece los árboles y su forma de mirar y sonreir. Necesito palabras, no las tengo, ¿amor? Muy fuerte. ¿Querer? Muy pronto ¿amistad? Muy básico. ¿Me gusta? Mucho, eso es, me gusta, la quiero porque me gusta, me gusta porque la quiero. Un retazo de noche, no se me ocurre nada más, como las telas que usa mi mamá, mi abuela, esos retazos de tela negra con que zurcen los viejos manteles de la iglesia. Pero ella no es un retazo de noche porque la noche esté gastada, es un retazo de noche porque la noche es hermosa y triste como lo son sus cejitas que se intimidan ante sus agudos ojos redondos. Pero es también un retazo de luna, ¿cómo así? Por su sonrisa, por lo redonda de su cara ¿se puede explicar? Sólo basta decirlo, sólo basta decir que es un pedacito de luna que se queda en la mañana para molestar a la noche, pero ella es noche alegre, la de la cena, la de los padres que se sientan con los hijos, la de Navidad (esa que no conozco). No es mi noche de madrugada en la que permanezco acompañado de una grabación de música andina cristiana, no es la noche de madrugada donde escribo cuentos raros, creo personajes, elaboro campeonatos mundiales donde siempre Perú gana la copa del mundo. No, ella es noche que cobija, que sonríe; es luna que atesora un poco de sol para brillar por encima de la tristeza; es luz que se esconde, que se vuelve en sí misma para ir a buscarla ¿Buscarla? No, no puedo. No es posible, ¿hablarle? ¡Jamás! Todo se queda conmigo. No, no, hay que hablarle, decirle algo mañana, ya es tarde. Me que quedado en el parque mucho tiempo, ¿importa? No esta vez ¿y los árboles? Por alguna razón, ahora puedo contar las hojas sin desesperarme.

-          Señor, disculpe ¿qué hora es?
-          Un cuarto para las nueve.

El reloj ha marcado mi sentencia, llegaré muy, muy tarde hoy, ¿qué excusa ahora? ¿Grajeda? ¿Papá, estoy enamorado? Ni hablar.

Mamá debe estar en la Iglesia, iré a buscarla

domingo, 18 de diciembre de 2011

EL RETO


-          Acércate.

Sandra miró a Chovy fijamente, trazó una sonrisa enamorada y esperó que la tomara de la cintura. El parque estaba ya desocupado y la noche jugaba con las tenues luces de los postes que alumbraban mediocremente el parque Olimpo. Una vez más, se iniciaba el juego de seducción que tenía ya tres meses y mantenía en suspenso a todo el colegio. Ella, la más popular, deseada e inalcanzable. Él, capitán de la selección de fútbol, líder de su salón y seductor por esencia, parecía haber encontrado en Sandra el reto que pudiera aplacar su afán de conquistador invicto.

Y es que nadie podía jactarse de haber besado a Sandra, muchos lo habían intentado por todos los medios, desde las interminables caminatas hacia su casa (a veinte cuadras del colegio) hasta amenazas, súplicas y ruegos. Uno a uno habían sucumbido, desde aquel chico de ojos azules y tez clara, hasta el temible Chino, quien con amenazas y un cuchillo quiso arrebatarle un beso para luego celebrarlo como una victoria jamás lograda. Los relatos se multiplicaban, las historias se repetían, siempre se hablaba de un nuevo fracaso, de una reciente derrota, de un sufrimiento intenso, pero esta vez la situación era distinta, ya no era algún temerario pero ingenuo adolescente, tampoco algún matón colegial que con amenazas lograra la tan ansiada presa, se trataba de Chovy, el invencible Chovy.

Su primera victoria y el inicio de su liderazgo iniciaron cuando venció a Luis Galarreta en una pelea en el parque del colegio. Galarreta tenía el respeto de todos y era considerado el jefe del salón durante la época de primaria, había vencido a casi todos (incluso algunos de secundaria) y estaba siempre dispuesto a desafiar a cualquier profesor, quienes habían roto tres reglas en sus manos. Sus victorias eran memorables, hasta Chovy. Aquella vez, la pelea pactada no pasaría de algunos forcejeos y tumbadas, quien cayera al piso primero sería el vencedor. Galarreta no tenía razón para pelear, era un simple “chócala para la salida” que podría haberse olvidado al finalizar las clases, pero él insistió.. Llegado el momento, todos se dirigieron al espacio sagrado donde se definía a golpes o empujones quien lideraría el salón, claro, batalla librada siempre por los más altos y más viejos, en este caso, Chovy y Galarreta.

La batalla fue breve, tres intentos para derribar a Chovy y tres rotundos fracasos de Galarreta. Chovy no hacía mayores esfuerzos, se reía pensando que Galarreta jugaba, pero todo se ponía cada vez más serio, dos intentos más acabaron en otros dos fracasos. De pronto, el tercer esfuerzo terminó en una experiencia nueva en el aprendizaje de las peleas para quienes miraban, un contundente puñete en el ojo izquierdo a Galarreta, que terminó por cerrarle el ojo.

-          ¡Vas a ver, le voy a decir a mi hermano!

La frase imperdonable le hizo perder perpetuamente el respeto de todos. Chovy intentó pedir disculpas, intentó decirle que todo era un juego, pero Galarreta ya no fue el mismo, dos semanas después, quitado de su soberanía en el salón, se fue del colegio.

Desde entonces, todos se pusieron alrededor de Chovy, inició su carrera de aquero invencible, de capitán de la selección colegial y de conquistador; pero siempre de manera furtiva, prudente; hacía amigos y derrotaba enemigos en silencio, sin muchos gritos, con buenas formas y bellas palabras. Supo proteger a quienes lo necesitaban, supo ser abusivo cuando era necesario, nadie se metía con él, no se metía con nadie. La victoria de Sexto de primaria se prolongó hasta cuarto de secundaria, año en que el tan esperado encuentro con “la más rica del colegio”  se haría realidad.

Sandra pasó intempestivamente de ser la “boca de llanta” a la “inconquistable”. De formas menudas en la infancia, su cabello azabache creció en silencio junto con la silueta de su cuerpo. Fue en segundo de secundaria donde una pantaloneta y un polo apretado determinarían para siempre la imagen femenina hacia el carnaval de hormonas masculinas. Todos la buscaron, afanaron, pretendieron, amenazaron. Se hicieron peleas en su honor, se formaron bandos, líderes de pandillas dentro del colegio competían entre sí para estar junto a ella, pero el victorioso en las peleas siempre fracasaba en la declaración. Fue de su madre quien aprendió respuestas como: “eres un buen amigo”, “soy muy pequeña para tener enamorado”, “no quiero perder tu amistad”, “no puedo descuidar mis estudios”, etc. Mientras su fama se extendía, el mito de su virginidad de labios se convertía en un bastión inexpugnable.

Tras la derrota de todos los pretendientes, apareció Chovy. El encuentro coincidió con una jornada deportiva organizada por otro colegio y a  la cual el “Toribio de Luzuriaga” había enviado una delegación. El ritual de las presentaciones se realizó en uno de los momentos de descanso, organizado por amigos y amigas de Chovy y Sandra respectivamente. Después,  las conversaciones se generaron por medio de excusas, aunque siempre eran difíciles dado que ella estaba en la sección “A” y él en la “C”. Esto fue resuelto por medio de justificaciones generadas por terceros, un cuaderno, un lapicero olvidado, una tarea incompleta, un examen, etc. Lo peculiar de Chovy es que sus excusas sonaban a justificaciones reales y nadie podía determinar que estuviera enamorado o afanando a una chica, su imagen jamás se dañaba, de esto se encargaban sus amigas y amigos a cambio de protección y popularidad. Nadie se atrevió a decir que Chovy estaba afanando a Sandra, no, él era un amigo o buscaba alguna ayuda en cualquier tarea inventada.

Bastó un mes para que Chovy le confesara a Sandra lo linda que era, bastaron dos días para que ella le dijera lo bonito que la trataba. La noticia corrió por todo el colegio, cada rincón de las aulas tenía esto como noticia. De pronto se especulaba, se hablaba de que ya eran enamorados, novios, que estaban próximos a besarse, que ya habían jugado con sus labios. ¿Estaría vencida Sandra?, Chovy parecía entregado de una vez por todas a una chica de manera formal, pues hasta entonces todo había  sido superfluo.

Sandra miró una vez más a Chovy, dejó que sus manos tocaran su cuello y cogiera su cabello. Era lo más lejos que él había llegado. Habían jugado una y otra vez al perpetuo ritual del beso en la mejílla o del “pídemelo tú”. Ambos sabían lo conocidos que eran, lo populares, lo envidiados, Entre los dos se entabló una guerra fría, ninguno quería dar el primer paso, ser el vencido. Las conversaciones del colegio se convirtieron en apuestas, las chicas decían que si Chovy besaba a Sandra, este habría sido finalmente derrotado, los chicos del colegio aseguraban que si Sandra lo besaba, ella habría sido finalmente vencida. La batalla silenciosa empezó entre ellos, Chovy no quería perder su fama de ganador, Sandra temía perder su imagen de “Incosquistable”. Ambos establecieron una serie de escaramuzas amorosas que se prolongaban en llamadas telefónicas interminables, visitas extensas, cartas inquietas y caminatas de la mano que terminaban en una despedida fríamente explicable.

Pero la noche aquella de luces hipócritas definiría de una vez por todas el resultado. “Hoy será”, había dicho Chovy. “Hoy será”, había dicho Sandra. Todo el colegio quedó en no visitar el parque aquel día, se lo dejarían, porque la incertidumbre generaba fastidio, ansiedad, aburrimiento. Chovy inició la caminata con anécdotas divertidas, con poesías de Pablo Neruda y algunas creaciones propias. Sandra lo escuchaba amablemente, sorprendida de la dureza de sus músculos, la anchura de su pecho, la dureza de su espalda y el contraste inexplicable del buen trato de sus palabras. Los rituales se prolongaron mientras caminaban de la mano sin saber si ya eran enamorados o no.

-          Es tarde, ya debo irme

El reloj de Sandra marcaba las siete de la noche, límite para una mentira complaciente a su padre.

-          Acércate.

Sandra lo miró directo a los ojos, sonrió levemente, miró la valiente cicatriz de Chovy, la que llevó campeón al colegio en la primera fase del torneo inter-escolar, la acarició con sus níveas manos. Tomó su nuca para acercar sus labios, Chovy decidió entregarse, ceder, bajar la guardia y olvidar las apuestas, confiarse un instante por entero al acto gratuito que Sandra le otorgaba y del que se había prometido, no hablaría jamás.

-          Adiós

Sandra esperó que los labios de Chovy estuvieran a un centímetro de distancia, para luego girar bruscamente  e irse a casa, caminó a paso ligero con los cuadernos abrazados, una luz moribunda de un poste terminaba por sucumbir al desgaste, Chovy la vio alejarse, retirarse sin chance alguna. Su orgullo lo obligó a no perseguirla, a no cumplir el rol patán de sus predecesores. Vencido, esperó que su silueta se alejara en el horizonte, intentando encontrar una explicación que sirviera en ese instante y al día siguiente.
A media cuadra de casa, Sandra sintió el deseo inexplicable de reír a carcajadas.